viernes, 11 de marzo de 2016

Madrid 11 Mz



                                                   Madrid 11 Mz
                                               El Tren de La Muerte





                                La Mujer atractiva, vestida de azafata,
                          objetivo ante las cámaras del ente,
                          da en diferido consentimiento de pena de muerte
                          y, en estado ausente,
                          exclama conmocionada: “¡Dios, tanta pena me mata!”

                              Tren dragón cargado con explosivos,
                           proyectado matemáticamente
                           para penetrar túneles oscuros y atravesar puentes,
                           calavera encarrilada hacia la Estación los Destinos;
                           vagón, en mortal trayectoria,
                           abarrotado de pasajeros vivos.

                               Día de marzo, día
                           impar elegido para la yihad o la gloria;
                           anónimos en lo cotidiano, jamás caerán en el olvido.
                           Once de fecha siniestra entre vías... propaganda de la escoria.
                           Llamarada de advertencia 11 S, récord en la memoria.
                           En periodo de consecuencias, muerte de categoría cinco
                           que llena las palanganas de agua fría.








              A propósito del atentado perpetrado en la Estación de Atocha (Madrid) el 11 Mz del 02

                                                    Mikel Luna A 11 S del año en curso 03



miércoles, 2 de marzo de 2016

La otra cara de la vida






       La otra cara de la vida



    Huérfanos en la intemperie,
un lugar para morir de muerte miserable;
olvidados son y felices con una canción,
tal vez, observando cómo un insecto devora a Dios.
   Tanto tiempo entre inclemencias
y ya sólo perciben los ecos del llanto al nacer,
con triste mirada miran otro amanecer
y se ríen sin dientes cuando el hombre falso
les promete gloria y redención
y un sobresaliente para destacar entre la multitud.

     Mientras tanto, y con todas las prestaciones posibles,
acomodado en su ataúd el diablo espera aburrido
a que cambien las cosas para tu propia conveniencia,
proyectando en su imaginación a una mujer guitarra
cuyo corazón alquila por horas.
    Él, celoso de sus trofeos y triunfos,
no les abrirá las puertas del Infierno 
pus estas víctimas no están en las líneas de sus manos
y , su mayor oponente,  sólo les recordará
como fragmentos rotos de su creación.

    Los huérfanos de la vida vagarán entre nosotros
soñando con una madre.



Mikel Luna 02/03/16 Amsterdam

jueves, 31 de diciembre de 2015

Por encima de todo

        



    Por encima de todo ansío verla,
a ella, que de engreída no peca,
cubriendo con su tul la fría piedra,
yo que no la intuyo mujer ajena.

    Nunca falta a su cita,
capricho del eros
todo lo convierte en espuma
y, las caricias
que pueden hacer sus dedos,
en la memoria del mar se quedan creando ondas
para mezclarse con las olas
mientras se masturba la Luna.

     Por encima de todo está ella
liberando a los peces 
de aquellas redes
que echaron los necios para pescar sirenas.
 
 

Mikel Luna 




martes, 22 de diciembre de 2015

Retrato al natural de la mujer lectora




No es grial para ella vivir condenada


























                                              Retrato al natural de la mujer lectora  
                                               No es grial para ella vivir condenada
                                                       


                                                                  Homenaje


       Una mujer, en calidad de lectora se acomoda en su sillón preferido dispuesta a explorar a fondo los cuatro elementos en las letras de ese libro coleccionado en sus estanterías cual joya valiosa, y en mí, como escritor que la ve como musa única e insustituible, todos mis sentidos se alían para asimilar la sinfonía que su voluptuosidad inspira, atrevido yo en clavar los ojos donde nunca se mira: ahí su admirable espíritu, aquí mi curiosidad in situ.
     A sus pies siempre, adoptando la actitud del escritor bohemio ante la lectora modelo, observando su gesto por si viene censor, mantengo cierta compostura venerando a su persona. Buscando un vínculo con ella profundizo aún más  en ese océano de vocales y consonantes mientras ella, lavándose la melancolía, conmigo habla a través de la escritura cuando decide hacer un viaje al núcleo de toda conciencia latente, a un sitio mágico lleno del líquido salubre que se cata con el alma para reconocer su compatibilidad con lo transcendental. Y aspirando un poco de su dulce aliento, en un tímido acercamiento e imantado por ella, se avivan mis ambiciones de hacerla feliz mientras me lee. Así de atento me presto para no omitir ninguna palabra que ensalce su feminidad: la mitad del Universo.
    Afán el suyo de anestesiar su ánima saudade y alzar vuelo se pone a prueba y no suspende en su tentativa de igualarse al escritor o, al igual, sin alzarlo hace como que desaparece y te complica la perspectiva para que la escritura tenga esa dosis de misterio pensado para prevalecer; entonces ella cambia los papeles y es el poeta o el escritor el que discurre  acerca de lo femenino perdido en un dilema. 
     Mujer y lectora, haciendo brotar en su mente el entendimiento por cada ejemplar leído, satisfecha de día, ve como anochece escudriñando las páginas de su acariciado libro.  

     De vuelta a la realidad, y tras una buena lectura, viaja independiente lejos de la indiscreta mirada del hombre inculto saliéndole al paso, lejos del aquellos cerebros  colapsados de mediocridades que inconscientemente acercan nuestros destinos particulares, a lectora y a escritor, ocasionando malestares al repetir unos argumentos saturados de interrogantes, e inventan cuentos para no dormir o maléficamente se jactan de su palabrería hasta rayar en el colmo, y horrisonantes como un cencerro hacen aflorar las mentiras de su repertorio particular. No como ella, partenaire de la Noche que se alimenta del amor descrito en hojas perennes y, conectada a un todo apabullante, sobrelleva los malos encuentros y, cómo no, mi comportamiento peregrino; esto último, aunque me cueste aceptarlo. Tal es su influencia sobre los artistas y más acentuada su atracción a la hora de transmitirnos pura inspiración.                 

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        Practicando la disciplina del mínimo esfuerzo pasa a la categoría de lectora consumada y, por méritos propios, a ser imprescindible en el mundo de la literatura; por ese motivo hay quien la halaga y hay quien la insulta. Le salen detractores y envidiosos a pares porque goza del beneplácito del artista y amante menos interesado, además, tiene asegurada el afecto de todo dramaturgo. Adulada o no ella respira sano orgullo a pleno pulmón, sueña con lo imposible o, si tiene el capricho, sobre corcel blanco cabalga por los llanos de la poesía. Por otro lado, planeando en las corrientes térmicas del pensamiento, un escritor siempre se ve advirtiéndola del peligro acechante… Ella, sin embargo, viviendo las experiencias artísticas acumula sabiduría y lo celebra tomándose un café y un coñac mientras lee.
    Recibiendo de la vida lo que no amarga ¿quién como ella, en su tiempo libre, pasa las horas muertas catando la quintaesencia que la naturaleza nos regala?  Tan concisa en sus pensamientos ¿quién como ella, pues, cultiva amistad resistente a la querella?    
    Rezuma vitalidad, pasión de tango y belleza ligada a la inteligencia. Y a la caída libre de las lágrimas que sus ojos no retienen cuando lee un poema, lo mustio, revive tras una metamorfosis, y con ese gesto sentimental te embarga e irreversiblemente te arrastra  hacia otra realidad figurada, es decir: sin la necesidad apelativa de nombrar a ninguna fuerza mayor te hace sentir mucho mejor como poeta y persona de lo que cabría imaginar.
    Morir de pronto por oír su voz dando su parecer acerca del libro leído sería como ir, bajo sus auspicios, al punto originario donde se concibe a la célula madre de toda literatura o saberse mejor obsequiado; es tan interesante como que ella te ayude a desgranar un mensaje subliminal descubierto en algún párrafo o te dedique una sonrisa de máxima higiene
     Adelantada a su época, esta lectora, nos convierte el agua en vino y el sueño en vivencia; y no caben suposiciones ni dudas si teniéndola como máxima inspiradora. El día de gloria en el que comprendí cómo uno se puede divertir sin negar a la cultura, ella, permisos me confirmó y, de corazón, buenos ánimos me dio. Hoy recordándola, por estas imágenes que el duende de la imaginación me facilita, la veo insuperable, la veo caminando sobre pentagrama interminable e imprimiendo sobre un mapa mundi sus huellas que son fusas y corcheas; la vi ayer virando cual galera sobre un mar bravío para adentrarse en un mar de letras que la llamaba.  
     Veterana en todos los aspectos, y sirviéndole la buena racha a su elecciones, subvierte el concepto equivocado que de ella pueda hacerse un hombre sin formación cultural o cualquier otro personaje mal incentivado; siempre lo hace, y ya no pide permisos a nadie para llenar su espíritu exigente. Junto a ella otras mujeres harán la última revolución social y cultural, y un día de lo más inesperado nos darán  la gran lección cargada de ejemplos realizables.
    De toda vertiente literaria recibe agua de vida para florecer y, muy satisfecha, favorece al amor y a todas las maravillas que se narran en una novela clásica o contemporánea, y, acertada como lo es, de su exclusiva mundología dale cuerpo y forma a su siguiente predilección y, a la de tres, quema lo usado. Su fuego interior anilla a los corazones y los protege del sujeto aplicador de suplicios, puesto que de los espectadores pasivos no existen datos fiables de denuncias que hagan punible a la ignorancia y, por lo tanto, confiamos plenamente en su buen criterio como lectora.










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    Reconocida su relevancia en la sociedad, por un defecto imperdonable y de pura tradición, hay quienes la retan tachándola de sabionda o tirándole piedras. No obstante le salen defensores al azar aun teniendo ella salida para cada problema y multitud de argumentaciones con las que pararles los pies a los patrocinadores del analfabetismo. Apta para todo lo útil demuestra inteligencia emocional y vilipendia a esos redactores de columnas esqueleto y a otros charlatanes abusivos cuya dicción es una amalgama de improperios intolerables, siendo éstos incapaces de resistir las verdades dichas en tono sereno.

    Como una Hedy Lamarr yendo tan decidida, informada y culturalmente reforzada en pos del mundo feliz vinculado a los que aún no han nacido, la lectora, se atreve a promover ingenios para hacerlo todo renovable, hasta lo más frágil y perecedero.   
    Antiguamente a las mujeres como ella, tras sus quehaceres domésticos, les gustaba leer, cuidar objetos de valor sentimental y rememorar situaciones graciosas, en reunión les nacía contar historias verídicas o cantarlas. Hoy puntúan y sobresalen entre los hombres más avezados, y, así y todo, todavía son víctimas marginadas por un público demandante de vulgaridad. Virtuosas sin duda alguna, éstas les responden a ‘los nadies’ y le dan la espalda a los vanidosos y no se avergüenzan tan fácilmente al contradecirles, ni siquiera disfrazan su personalidad para congregar a toda persona cabal que tenga afinidad con ellas e  inquietudes artísticas de cualquier índole.
    Con todo y eso nuestra insigne lectora siempre le habla en tono conveniente al amor desconocido antes que al amor aborrecido, entretanto, logrando persuadir al individuo destrozado que a punto de querer arrojar su órgano sentimental a un pozo negro, y culpabilizar a otra mujer, anduviese en las cuentas de encorralarse en los bares y, con la ayuda de fulanos indiscretos, quisiese sufrir permanentemente la decepción.
    Sería una suerte saber que las vecinas de cualquier barrio y clase social la imitan haciendo lo consabido, en vez de pasar el tiempo en sus tocadores o esconderse tras las persianas para filosofar y fisgonear; a muchas cacatúas con falda  les convendrían hacérselo mirar  al saberla a ella tan poco puritana y muy bohemia y, a la vez, tan enigmática como ascendente. Que hoy día la gente educada ya la admira y se presta a escuchar, de su ecuánime juicio, una primera lección de rigor muy útil para subsanar dificultades de aprendizaje y respeto.      
    ¿Quién como ella, pues, y sin inconveniente, sería aspirante a ocupar zenit en el mundo del arte? A pesar del revuelo que causase imitar sus ejemplos y tener motivos razonables para emanciparse o ser, cuanto menos, autosuficiente y maduro ¿quién no votaría a ciegas por su coeficiente emocional? Yo sí brillaría por ella hasta el final buscando el verso perfecto, daría toda mi luz henchido de orgullo sin sentir ninguna vergüenza por demostrar mi gran afecto por lo femenino en su pletórica condición; y por lo mismo jamás retiraré mi palabra, entre otras cosas, porque nací del vientre de una mujer enfermera y apasionada lectora cuyo voluntariado, después de sufrir las consecuencias de una guerra,  siempre fue en favor de los más necesitados.


     

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         La lectora contra la ignorancia



     Capear hoy día el temporal de la ignorancia, que es grosso modo retahílas de una crítica necesaria en aprecio a la salud de la conciencia, es vivir un retroceso cuando no una aberración aupada a un nivel superior, es soportar un soberano agravio al intelecto habida cuenta el esfuerzo que conlleva ser imparcial y hacer valoraciones  para callar al miedo, desacreditar a la censura y desmentir otras noticias derivadas de la prensa canalla que ensucia lo cotidiano enfrentando al lector contra el espectador.
    Del sentimiento universal lo mismo que aconseja la mujer lectora: saciar la sed extrema de conocimiento. En cuanto a lo ajeno inhumano ignorar ego impío y anatema, no menospreciar su patente hipocresía y mantenerse despierto y a la defensiva. De hacer caso lógico a un libro que además te hace gozar y te enseña lo que en las aulas se prohíbe, en buena hora, te abrirá los ojos y te acoplará a un reino ortopédico adecuado a tus exigencias para ganar sapiencia; te ahorrarás de perder el tiempo estúpidamente yendo a rebufo de una somera tentación.
    Quisiera… Es bueno mantener la compostura y saber estar más allá del bien y del mal sin perder mesura, amar constante por amor al prójimo ideal y vivir joven lo máximo posible, aprender las técnicas precisas para congeniar con lo que vale la pena y, sobre todo, respetarla a ella como persona, de la cual, puedes llevarte una alegría sólo por el hecho de participar en sus amenas tertulias, saber escucharla; esto otro a la atención de quienes le tienen animadversión a ‘lo posible’.
    Que si no hay proyectos satisfacción la mujer lectora será la portavoz del desamor y romperá compromisos abriéndole las celdas a las más terribles quimeras, reprimidas en su imaginación tras largas noches en vela leyendo mitología. Habiendo demoras en las reformas constitucionales, ella, sirviéndoles como jarros de agua fría las mejores propuestas, acusará a cien del nomenclátor y acertará, cien por ciento, al provocar renuncias voluntarias; ya que, propensos al oscurantismo, los abajo firmantes de las infundadas leyes escritas son rígidos e inflexibles al acercamiento humano, censores a la exposición de la razón, a menudo en el punto de mira, cuando es verdad que predomina la inopia sobre las intenciones docentes y artísticas. Por eso es necesario que toda persona culta repita y difunda aquellas palabras con sentido perceptivo que haya podido leer de inapelable importancia.
     Interesa, pues, recuperar el tiempo perdido, volcarse por un buen querer en el olvido y decir en voz alta lo que nadie quiere oír o leer, jurando como aspirante a ser paladín y, junto con las musas de la poesía, convenir el peregrinaje de nuestra cordial representante hacia La Catedral de la Luz para asentarla en su correspondiente trono.


     Reconforta para mayor gloria de ella saber que algo risueño y bastante entretenido la observa el Arquitecto de las Letras desde su balaustrada y que, haciéndose el virtuoso, le sopla soles, lunas y estrellas cual si fueran pompas de jabón, quien se reserva el derecho a introducirse en las mentes de los lectores para instarlos a explorar otros universos. Afortunadamente nuestra protagonista, sin más afanes, cuenta con el beneplácito del mensajero dilecto que pliega sus alas al aproximarse a su álter ego de la misma manera que la musa visita a su escritor.   
  










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      Sola  ̶  ¡y con qué desafío!... o de andanzas novelescas, siempre se abrirá paso en la aventura. Cubierta de gracia toma el portante e inopinadamente, gustándola dominar los peligros, reinicia su andadura averiguando cómo recorrer ‘los dos caminos’; hábilmente se divide y, tan despabilada, nos involucra en la trama de su historia que, si pasiva, es pura vivencia digna de encumbrarla.
    Despilfarra de buen grado su tiempo o hace un extra y saca del armario su personalidad diferente para no equivocar su condición como lectora; hará lo que a ella le convenga con tal de leerse otro libro.
     A su altura no la llegan tantos, ni son muchos los osados que se atreven a medirse con ella, a diferencia del gentil escritor que invitándola a descubrir una isla para dos le ofrece su apoyo intelectual jurándole respeto, y ella, pues como el pulso no le tiembla, suspira, hace un receso y, muy confiada, al autor le tiende sus dos manos para ser la cómplice de una gran historia.
    Carácter inalienable se la observa a esta mujer lectora pasando objetivamente sendas pruebas que la vida nos exige cada día. Tiene congénito a su entendimiento lo que hay que tener para escudarse ante las embestidas del destino y afrontar con temple las traiciones si se tercian y, amor, nadie sabría decir cuánto; el raciocinio le nace espontáneo cuando alguien se le avecina con estúpidas manías encargándose de complicar adrede la escena y dramatizarla hasta extremos insospechados. 
    Tal y como una simpatizante del amor, y sin presumir de autoestima, la lectora siempre es la misma persona: tan real como la luz del nirvana, aunque viva agraciada por un torrente de belleza  o acaso tenga caprichos imposibles. Complacida por una creciente mayoría, nada irregular la altera. ¿Quién, si no, iba a llenar la calle de armonía con tanta imaginación como ella prodiga?

    Yo, si por justo juez fuera y lo dicho no hiriera, coincido en que, mejor que ella, ningún descendiente de hombre que gobierne desde su cúpula vidriera. Arropada nuestra ejemplar amiga frente a los culturetas fraudulentos merece obtener todo voto de confianza; pues, ante las presentes o futuras expectativas, mejor dárselo a ella porque esté capacitada que hacerse el interesante y negárselo sólo por el hecho de ser mujer.
     Requerida o no por las fuerzas vivas, ella, emulando a los personajes de las novelas ya leídas, anda caritativa suscitando ejemplos por esas calles de la discordia y, con tal actuación digna de la mejor actriz teatral, los mendigos ya no sufren tanto como los obscenamente ricos: un puñao de fragantes rosas son su especial donativo.


      Caballero apuesto, modelo estereotipado, cómico ingenioso, excluido social, obrero toro, urbanita radical, doctor amor y donjuanesco, abogado de oficio o juez, dentista o cirujano, inmigrante o ciudadano corriente, loco enamorado, romántico o salva patrias,… todos ellos apiñados por la misma causa, por una vez querrían hacerle un puente y besar sus pisadas; y otras, solteras o casadas, de aspecto cambiarían pretendiendo parecerse a la que derrite témpanos y hace latir corazones, y las más envidiosas queriendo llegar a la suela de su tacón, a escondidas o a la luz del día, venderían su propia alma por la cuantía de seis felaciones y cuatro oropeles. 
    


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    Los necesitados de ternura reclamándole atención, a veces, sufren larga demora; se hace de rogar, e incansable pone contra las cuerdas a los muy hedonistas que tienen puesta la mirada en lo que concibe objetivamente su pensamiento original y en su siguiente actuación. No obstante, a una mujer tan cordial y aproximativa, estos partidistas nunca la pierden de vista tentándola a cambiar su libertad por libertinaje.
    Control en la última parada el varón liberal, de acento afeminado y peleón con todas y cada una de sus amigas, al verla a ella se apea y pierde el aliento por llevarle la cesta de las compras y acompañarla en su trayecto. Yendo éste de turista bengalí, siguiendo las recomendaciones leídas de su propio prospecto de bienvenida, ande predispuesto o valiente, siempre acaba quedándose como todos los demás: muy embelesado y boquiabierto, sí… pero amarrado físicamente a la pasión impredecible que transmite su contoneo sensual, y listo estará siempre para ser consumido por un fuego difícil de sofocar, no en vano, concebido por ella para iluminar todas las entradas y salidas posibles por donde sus seguidores, a menudo, nos extraviamos fácilmente.
    Copartícipe de sus amigos y movida por mil detalles, agraciada en número pródigo y simpatía, obnubilado deja al señor de dudosa clase que no creen en el amor que más se arraiga, intuyendo apenas de la que aquí importa ápices de sabiduría o ardides de mujer experimentada. No sabe el susodicho cuán estricta es esta mujer en su manera de pensar.
    La lectora en la vida real convierte su cuerpo en el albergue que busca ocupar la luz huérfana, y con esa fundada sonrisa perfilada en sus labios, reflejo de su carácter semejante a una amanecida, pasa a ser refugio imprescindible a unos ojos cansados de ver tanta abulia repartida por doquier. Como persona adulta a emular cala hondo en aras de la convivencia y cura todo mal de amores realizando la tarea adicional de congratular a demonios con ángeles. Más noble que cualquier sujeto de realeza, sin embargo, todavía no es reconocida en las altas esferas.  

    Calle engalanada vemos las veces que sale a la luz esta practicante de la lectura; aires son los de ella, atrayendo incluso al poeta más antisocial, suaves rachas de perfume intenso y olor a pergamino, y el eco de su voz es la resonancia rítmica del idioma que habla de paz duradera y renovado consenso. No obstante, en la calle como en su casa o en un ateneo, ella es la primera confidente amiga de aquel escritor por excelencia que,  apasionado, no flaquea intentando vivir a su manera o a costa de ahondar en la idea más inconcreta para satisfacerla a ella.
     Paz, amor y libertad son sus tendencias, oasis de calma armonizando creencias. Y hay algo más que la define como persona resiliente: si le partes el corazón en dos te perdonará e incluso te hará la realidad más llevadera; de saberla tan espléndida, si la ignoramos quizás lo paguemos caro y con ella acaben las grandes obras literarias necesarias para consolidar toda evolución. Dado su buen carácter, a la lectora, constante en materia de libertades le afecta la necesidad azarosa de ser llevada en brazos y al Museo de la Estima.  Le urge ir a un lugar seguro, a su sillón favorito a leer un libro, donde estar lo suficiente tranquila y resguardada, en caso de conflicto, de ese clima zaino político hinchando las parcas verdades que a todos nos atemoriza de aquella manera racional.  



   



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     Magnífica y con paso seguro la lectora se pasea por la vida, y la grosería, el desprecio, la burla y el odio camuflado de los que llegan rechazados de otros polos, es lo que erradica con sus palabras bien aprendidas llegado el momento de usarlas. Pasa de largo a cumplir sus quehaceres, y los árboles frondosos, los anuncios verticales, las farolas y los hombres con clase palideciendo, se encorvan, las máscaras observan tersas y, al cruzar las fronteras de la imaginación, una alfombra persa a sus pies la invita a ir o a volver descalza.
     Es la mujer inteligente por la que gastar el esfuerzo de girar nuestra cabeza para admirar su íntegra presencia, ella arrastra los deseos a una encuesta y no hay quien responda consecuentemente. Sería mala idea frustrar la intuición elaborando un piropo para quitar el hipo; también lo es el querer conquistarla mediante estúpidas apuestas. No pudiendo evitar el gesto delator la veo y me quito el sombrero. Seguro estoy que, si mal lo pasara, fingiría comedia para no verse rodeada de malas sombras y redentores oportunistas. Sólo por el hecho de indicar los avances del pensamiento feminista es capaz de hacer de tripas corazón para favorecer a la mujer en general; y  otros, padeciendo lástima, que la critiquen si pueden reprocharle algo.
     Tal vez a nuestros ojos aparente indiferencia o menosprecio por las demás cosas que nada tengan que ver con los libros, aún pensando bien de ella y queriendo saber qué esencia tiene que la hace tan deseable hay objeciones, arrebatos y empujones. Yo, en cambio, le tengo gran aprecio por ser exquisita en sus elecciones a sabiendas de los libros que lee, quizás la mejor musa inspiradora,  pues sin verla ni tocarla, uno ya la presiente cercana. Maravillados perderíamos la noción del tiempo si ella se quedara curvando las líneas rectas de cualquier avenida, por eso conviene saludarla y ahorrarle inoportunos sermones, en largos paseos cederla anchura y, a su persona, ofrecerle toda clase de cobertura, evitar que los torpes le manchen los tacones.

     A mi parecer sus ojos compiten con otras miradas seductoras  y, siendo la suya la más brillante y cautivadora, atraviesa obcecados pensamientos y pone a temblar talantes. A una mujer así, adorable, tan buena anfitriona y tertuliana, que vive pendiente de forzar una odisea, sin abusar del encomio tiende a dejar testimonio de sus edades vividas, y es un lujo conocerla, saber de su grata existencia para mayor deferencia de nosotros los escritores. Y digo más para contradecir al crítico rancio: esta mujer no es como ‘la falsa moneda’ que de mano en mano va y nadie se la queda; dual naturaleza la suya, amistosa y de arrojo samaritano, da si tiene y nunca pide alhaja a cambio de compañía. Que si brujas poderosas hay-las también existen jóvenes lectoras, por doquier, haciendo muro de contención contra la extrema ignorancia y repeliendo premoniciones desfavorables.
    Gélida alma femenina, inquieta por el predominio del egoísmo voraz, se mide con adustos soles en las pasarelas de la vieja escuela, o alumbrando de cara a la oscuridad, ella, ahí donde se aloje multiplica las probabilidades de culturizarlo todo: hace que reaparezcan los poetas que ya murieron.


    Cabal su mente y muy ardiente su cuerpo, contra todo pronóstico, igual se enamora de noche que a pleno día, vencido el apuro de ser en primicias la que derrite los hielos y sacude el sistema neurálgico de las ciudades, es decir: como obra de arte en movimiento, la lectora.  
   

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      Instantánea


     Amor a los cuatro vientos recreo para el conocimiento, mujer, lucero del alba inquieto, son sus ojos un milagro de la genética pudiendo descifrar las tramas más oscuras de aquellas novelas negras tan intrigantes; con ella como musa el novelista se esmera y congela sus dudas.  
     Cuando se queda de noche a leer arregla los patios y jardines de su imaginación recreándose en beneficio de las palabras, aunque algunos medicastros literatos al acecho la tengan entre ojos con sus escritos plagados de sombras goyescas que le impidan ver con claridad. No obstante, esta jardinera fiel a las letras, apuesta porque todas las rosas tengan su íntimo espacio y las enredaderas no pierdan alcance al trepar por esas estanterías repletas de libros. Siempre increíble, de un correlato emocional hace para su cuerpo y su mente preciosos adornos y, al menos, con una página de novela rosa en forma de corazón se protege el monte de Venus.
     
     Al verla imperturbable lectora presidiendo el desfile de los personajes saliendo del libro que tiene entre manos, un escritor que se precie, no puede dejarla con ganas de más y mejor lectura y, asimismo, acunando al nonato de alguna otra historia que la emocione, por segundas veces éste empeñará su talento sin sentir arrepentimientos – hoy por ella, por sus lágrimas de agua y salitre, mañana por las artes y el firmamento. Fácilmente la encontraremos en su mejor momento, leyendo, logrando concilio para sí misma entre miles de páginas escritas, levemente despeinada, apretando una flor entre los dientes y, dependiendo de la lectura, remangándose la falda para escapar de esa monotonía que marcan los horarios.
     Contenedor de luz, la lectora, en una red infinita vuelca sus ideas más brillantes para luego lanzarse sobre ellas. Será explícita mostrando su destreza  después de una buena lectura de cabecera al comentarla pero sí me consta que, de todo lo que haya entendido, se reservará su derecho a opinar. Se piense lo que se piense, ella, porque puede atenerse a otras maneras de vivir con filosofía, presentará sus evidencias y las avalará, no sin antes pasar por el filtro de la inspiración, no sin mediar su sonrisa tan serena, casi severa o quizás algo seria; será longeva… Entonces, ¿quién como ella  puede hacerse respetar o ser fuerte ante la evidencia caótica de un inconcreto final intrínseco a un principio cambiante?
     Concentración total la suya pienso que además de excelente lectora es la principal  portadora de buenas nuevas tras digerir las distintas maneras de escribir de brillantes escritores y escritoras, todo por seguir conservando vivo al amor incondicional como bien lo harían las mujeres de antaño, las primerísimas, tachadas de ser ‘el origen de los venenos’ e insumisas al elegir entre el camino recto y el de vía ancha.
     Amando a la vida la lectora, en general, gasta todo el tiempo en empresas de riesgo y, con lágrimas sentidas, humedece los terrenos cultivables para que germinen las semillas que decidirán su futuro. Así pues, soñando un mundo justo ¿no es acaso esta “peligrosa lectora”, amiga de fatigas y mejor compañía, idéntica a la luz estelar alumbrándonos el camino del ir y venir?




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     Su mirada invasora, espía y necesaria, acaparando la dimensión donde todavía no ha nacido una estrella, es luminaria del iris que interferencias envía, luz particular descubriendo anomalías cuando el cielo queda nublado y despejado el infierno.  
    Nostalgia en la ausencia... Oculta a los ojos del escritor la lectora honesta que, comprendiendo los graves sucesos de una humanidad en desconcierto, de gentes aglomeradas en espacios tristes de edificios iguales y grises, colorea sus labios y de pétalos se viste sin la necesidad de agradar a un regimiento; y cual mujer reinventada a sí misma, provoca embestidas de cariño en todos los lugares frecuentados por ella.
    País de embrujo donde se contemple a una mujer con sabiduría. Deseo pasional y efecto de vino añejo, ensalzada ella hasta el infinito, da ecuación medicinal que cura la ignorancia, y es lo que le atribuye a esta heroína de las artes un sentido especial: el gesto suficiente para asumir mil alegrías y motivar las ganas de escribir grandes obras. Escuela del arte, el toque mágico y la vanguardia la hacen principal e imprescindible,  siempre a ella, que sin previo aviso se vuelve faro de navegantes alcanzando excepcional esplendor en las Bellas Artes; de tres bazas un ritual gratísimo consagrado por esta mujer que realmente dice lo que piensa y, lo que no, se lo calla. Que de parte de su corazón prendido en llamas, cuando lee o narra una situación, se le nota la autenticidad viniendo a reemplazar tedio y dolor por mejores alicientes.     
    Ya lo escribí yo una vez: no es grial para ella vivir condenada. 
     …y así mismo lo versificaba:

    Amarla por amor y jamás mentir,
desmarcarse como ella o ser su alfil .
Apurar las noches en lo esencial,
rendirse adrede y avivar el fuego de la pasión;
amarla tal cual es y, luego, morir...

   Ojos que no envidian
y, entre líneas, saben leer
lo subliminal de un correlato emocional,
mirada que ser recrea en el amanecer
antes  de abrir un libro para viajar.

   Renacer a causa del beso dado
y enamorarse de ella. Crear el film
idolatrando el real milagro de su natalicio
y difundir sus calendas:
aval de amor para toda una vida.

    Labios de fuego, atributos
de una obra de arte lenitivos al réquiem,
prenden cuando rozan la mejilla del cielo.
Opiáceo rojo pasión, son de ella
dádivas que tatúan mi corazón
en respuesta a mis versos.

                                                                                                                                                                   























                                                                            9

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      Quién como ella... Imposible iluminar bibliotecas, librerías y museos sin la simpatía de nuestra estimada lectora, tan realista como confidente, animada por naturaleza a renovar los índices caducos de Best Sellers saturados de abusiva moda y desechar otros libros poco recomendables. Mano de santa ella coloreará aquello que toque con sus dedos y diga con su voz, elevando los versos del poeta a un cielo asequible, y éste, como el genio de la lámpara, con un paraguas abstracto abierto a los cuatro puntos cardinales, estará siempre al lado de su lectora parapetándola de ese sentir jeroglífico confundiendo a quienes aprenden leyendo, viviendo y amando, y, en general, de todos los falsos filósofos y otros lenguaraces y sofistas que contribuyen a que la filosofía sea percibida como una rama elegante de la autoayuda o un juego aburrido inventado por sofisticados profesionales del lenguaje de enredo.

      No en vano, y de cara a la fantasía, ella siempre le dará igual de importancia a la vida que a la muerte y, por extensión, a lo desconocido, y creerá en ello más que en cualquier escritor o poeta; lo hará, en el día a día, amparada en el civil derecho de vivir en libertad, y nunca se sentirá con la absurda obligación de pedirle permiso a ninguna autoridad pertinente o impertinente.
      Y terminando a tiempo este homenaje para no cansar a mis amigas lectoras decir que más ejemplo copiarían los antagonistas de esta mujer tan genuina si yo escribiera fielmente, no un homenaje discreto, sino una biblia sobre lo que en realidad representa para mí y para el mundo entero. Aunque verdad es que prefiero saberla en un jardín habitable, viviendo con suma imaginación y sin temor a los cebos mortales e imprevisibles espejismos, allí a su aire o en plena intimidad, amante de su lectura y reafirmando su libre albedrío.
     Cómo no enamorarla y convidarla a ser ella quien rescate al hombre del infierno que él mismo ha creado y propagado. Sería un falta imperdonable dejarla a merced de esos pésimos escritores, cuyo único afán es lucrativo y se vanaglorian de asombrar a la misma ignorancia mediante sus pedanterías, con licencia editora para arruinar toda alegría del mundo con sus infumables patrañas, y que tienen la pretensión malsana de obligar a nuestra protegida a firmar un acta de renuncia a la vida.



                                                                       Finis opus coronat





 Escrito para las mujeres lectoras, y dedicado a ellas.
Mención especial a Alicia Pandora por sus sugerencias.
 
  Mikel Luna. Diciembre del 2015. Amsterdam












jueves, 10 de diciembre de 2015

Alicia en el País de las Mordazas

   

 Alicia en el País de las Mordazas


     Ella lo vio todo:
criaturas como estatuas de piedra
cuyos ojos sangraban
al ver el espectáculo que la vida les deparaba,
mortajas envolviendo a las rosas rojas,
mil veces antes, regaladas a la belleza;
tules negros sin bordados
recogían las lágrimas de aquellas viudas
que no pudieron tener en sus manos un rifle
para acabar con la tiranía.
Los muertos que gobiernan a los vivos
le hicieron espacio al horror  ̶  y de allí escapó Alicia.
Vestigios de tal civilización arcaica  
eran tesoros valiosos para coleccionistas de cadáveres;
crepúsculos inquietantes y amaneceres violentos
le daban aspecto sombrío a cada nuevo día.

     Alicia estaba en el ojo del huracán
decidida a llevarse, consigo misma,
a la paloma de la paz, herida;
tenía valentía y la llave que abriría la puerta del sueño.
    Ella se bebió la copa de vino tinto
que Jesucristo no pudo digerir,
bloqueó su corazón para no notar el peso del sentir,
y, arrastrando a la melancolía, 
escapó a través de las cortinas de lluvia.
    La  araña de la apariencia la persiguió 
queriéndola fantasma de libertad,
pero quiso la Noche de los Misterios
que Alicia se recuperará de la amnesia
que le causó el tiempo pasado
devorador de futuros y esperanzas.
Y al final de un apocalipsis la vi venir.


   Mikel Luna 10/12/15 Amsterdam